lunes, 16 de enero de 2017

Alimentos ¿impresos?



Por: Ma. Isabel Lantero Abreu. Profesora titular del Instituto de Farmacia y Alimentos de la UNIVERSIDAD DE LA HABANA
La gastronomía de nuestros tiempos se desarrolla en un contexto que pudiera caracterizarse por la coexistencia de elementos como la experimentación de los sentidos y la búsqueda de “emociones fuertes”, la  atención al entorno social de la población y un elevado desarrollo de la ciencia y la tecnología. 
El auge alcanzado por la llamada gastronomía molecular, gastronomía experimental o tecnociencia culinaria, con los “trampantojos” para asombrar o impresionar a los comensales, así como la creciente tendencia a presentar la cocina como arma de transformación social, han devenido premisas manejadas cada vez más y con mayor éxito por destacados chefs y promotores de cocinas nacionales en diferentes latitudes. 
El contexto relativo a las ciencias en el cual se desarrolla la gastronomía actual habla acerca de promisorias alianzas entre destacados chefs y renombrados científicos y universidades. En tal sentido, se apoyan los nuevos y arriesgados desarrollos culinarios, se aplican los resultados de la nanotecnología, esencialmente aquellos relativos a nuevos materiales o métodos de determinación de microorganismos, prestando especial interés a la garantía de inocuidad de los alimentos. También se toman como referencia aspectos como la Genómica Nutricional, disciplina que surge y se desarrolla a partir del descubrimiento del genoma humano en 2003.
Algunos antecedentes extraterrestres
En esta aplicación del desarrollo científico al mundo de los alimentos es de destacar el aporte realizado por la NASA (National Aeronautics and Space Administration) de Estados Unidos, con el desarrollo del sistema HACCP (Hazard Analisys and Control Critical Points-Análisis de Peligros y Control de Puntos Críticos). Este surge en la década de 1960 del pasado siglo, ante la necesidad de garantizar alimentos inocuos para el consumo de los astronautas que pasarían un determinado tiempo en el espacio. Luego de varios años, este sistema llegó a ser asimilado por toda la industria y los servicios de alimentación. Hoy día se considera un elemento esencial en la gestión de inocuidad a nivel mundial.
La más reciente contribución científica de la NASA al campo de los alimentos tambien está relacionada con el espacio extraterrestre: la “comida para Marte”. Y es que con la intención de garantizar los alimentos adecuados para prolongadas estadías surge la idea de la impresión de alimentos.  Los primeros antecedentes en la construcción de una  impresora 3D enfocada a la comida se registran en la Universidad de Cornell, EE.UU., donde en 2011 los investigadores comienzan la construcción de un prototipo. 
La impresión 3D de alimentos se enmarca en la llamada manufactura aditiva, que se considera el proceso de unión de materiales para fabricar objetos. Es decir, se trata de un grupo de tecnologías de fabricación que de manera automática permiten manipular materiales y agregarlos capa a capa de forma muy precisa para construir un sólido físico en tres dimensiones en lugar de emplear matrices, moldes, utillajes y otros procesos de la cocina convencional. 
Un sabor tridimensional
Este tipo de impresión resulta semejante a la que se logra con una impresora normal de inyección de tinta y se basa en los mismos principios de las tecnologías de impresión tridimensional predecesoras. La única diferencia es que son utilizados alimentos frescos. 
En lugar de la tinta convencional para papel, se utilizan materiales alimenticios y tintas especiales, comestibles y certificadas para ello. El material se imprime en capas, asegurándose de que estas se fusionen de manera suficientemente consistente, sin formación de capas visibles y sin que los alimentos colapsen. Se plantea que lo más sencillo es imprimir con azúcar, chocolate fundido o cualquier ingrediente que tenga grasa o cierta textura viscosa, para lograr una consistencia adecuada. 
Uno de los modelos prototipo que más visibilidad ha alcanzado en este campo de la impresión 3D de comida (Foodini) es capaz de producir una gama de alimentos muy variada: chocolate, quesos, ñoquis, raviolis, palitos de pan, etc. Ello es posible gracias a que los alimentos pueden mezclarse, logrando la consistencia adecuada para la salida a través de su sistema de cápsulas y boquillas.
Complejidades 
Es la propia condición del alimento, como elemento de nutrición, salud, supervivencia y placer —poseedor, además de una compleja condición físico-química que lo define en cuanto a textura, sabor e inocuidad— el que establece una diferencia importante entre esta tecnología aditiva para el caso de los alimentos en comparación con otros objetos (ej. prótesis humanas). 
Esta tecnología debe garantizar el cumplimiento del diseño y estructura del alimento, el desarrollo de texturas y sabores, la conservación de nutrientes y la inocuidad. Para ello es necesario considerar la compleja matriz del alimento dada la amplitud de ingredientes posibles a utilizar o la multimaterialidad, así como el cumplimiento de los requerimientos de inocuidad.
Algunos usos
La tecnología de impresión 3D de alimentos se muestra importante y prefigura un futuro prometedor. Se estima que el impacto de esta tecnología en la industria alimentaria será significativo, fundamentalmente porque le otorga al consumidor el poder de decisión sobre aspectos de personalización, nutrición, desarrollo de nuevas texturas y formas, producción flexible y a demanda, conveniencia y experiencia social. Se espera que resulte de gran utilidad para hospitales geriátricos y generales, así como casas de reposo, porque permite preparar comida para personas con problemas de deglución o con alergias severas, al controlarse las dosis y el valor nutricional de los productos.
Las primeras impresoras 3D, pensadas para hoteles, restaurantes, hospitales y pastelerías, preparan el plato pero no lo cocinan. La siguiente versión, que estará operativa en 2017, ya será para el consumidor doméstico, porque también cocinará. Mientras tanto, ya algunos restaurantes exploran con éxito la utilización de esta tecnología.  
Si las abuelas del siglo XX se asombraron al conocer el diseño de nuevos materiales y equipamiento, si no entendían en sus inicios la descongelación, el calentamiento o la cocción de alimentos en microondas, la impresión 3D de alimentos en el siglo XXI  parecerá salida de una trama de ciencia ficción. Sin embargo, esta tecnología no responde a otra cosa que al desarrollo que caracteriza el mundo de la ciencia y tecnología de los alimentos en el siglo XXI; así que solo queda esperar a que se perfeccione, avance y se consolide. El tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.
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Dom Pérignon y el Champagne, cuestión de marketing

Por: Enric Ribera Gabandé
No se sabe con certeza, pero se cree que era ciego. Tenía tanta intuición que incluso podía saber al degustar una uva de que viñedo procedía ¡Casi nada! Ni los más expertos en la materia de de hoy en día serían capaces de hacerlo, a pesar de que algún iluso se atreve a decir que él conoce hasta la cepa de donde proceden sus racimos de fruta.
Desde 1668 y hasta su muerte en 1715, fue abad de la Abadía de Hautvillers. Durante estos 47 años, Dom Pérignon llegó a ser responsable de las bodegas de este centro religioso benedictino, mundialmente conocido por conservar los restos de Santa Elena, madre del emperador Constantino.
Sobre el mítico monje, nacido en la región francesa de Santo-Menehould, a nadie se le escapa que a él se le atribuya el descubrimiento del dorado y espumante vino de Champagne. El nombre de Dom Pérignon está asociado al Champagne, indisolublemente. A nadie o casi nadie, relacionado con el mundo de los vinos, se le hace extraño esta aseveración.
¡Rompamos mitos al respecto y neguemos que sea así! ¿Extrañeza, no? Pues sí; extrañeza mostré yo cuando un director general de una de las mayores empresas bodegueras de la Champagne, cuyo nombre voy a mantener en el anonimato, me aseguró -en mí último viaje realizado a esta región de Francia- que Dom Pérignon sí tuvo que ver y mucho con el Champagne por aquello de que trabajaba en este sector francés de mitad del siglo XVII y principios del siglo XVIII, pero no fue el descubridor del Champagne, ya que éste nació en el siglo XVII durante el dilatado transporte de una partida de vinos de esta zona francesa hacia la Gran Bretaña, cuando comprobaron de que espontáneamente algunos tapones de las botellas saltaban por los aires, fruto de la presión del anhídrido carbónico de su segunda fermentación.
Este señor “x” apuntilló sobre el argumento en cuestión, que la asociación de Dom Pérignon y al nacimiento del Champagne se debe única y exclusivamente a un tema de marketing de Möet & Chandon, creado sobre los años 60 del pasado siglo XX. Simplemente, para vender, con el tiempo, muchos millones de botellas más, hecho que se ha consumado.
No existen dudas, que los franceses saben mucho de este sector, por algo son el número 1 del mundo. Rindámosles culto de admiración.
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martes, 10 de enero de 2017

10 aspectos visuales que debes conocer a la hora de catar un vino

 Así se mira el vino

La observación del vino es el primero de los sentidos que usamos en la cata y, la vista arroja gran información y, a diferencia del olfato y el gusto, muy certero y objetivo.
Mientras que en el mundo de los sabores la subjetividad y la percepción personal juegan un gran papel, la vista no engaña y suele darnos información, muy clara y objetiva, sin que ello implique que sea menos relevante a la hora de analizar el vino, de hecho en ocasiones puede suponer la única manera de apreciar ciertas cualidades de un vino. Además, la vista es fundamental para establecer también defectos.
La armonía visual es parte esencial de la de la valoración global del vino y un elemento clave que determina el placer de beberlo.
Con los consejos de Lavinia, tienda de vinos y destilados de referencia en España, a continuación se señalan los aspectos sobre los que debemos prestar más atención en esta fase de cata, su significado e interpretación.
1. Limpidez y Transparencia. Nos da pistas sobre cómo se elaboró el vino. Nos informa sobre el proceso de decantación, filtrado, fermentación y clarificado (presencia de lías, sedimentos, etc.) y finalmente estabilización. Si el vino no se presenta limpio y transparente y existen sedimentos, éstos no deben servirse en la copa y es preciso decantar el vino.
2. La vivacidad y brillo. Un vino puede estar limpio y apagado (pobre de color) al mismo tiempo. El brillo y la luminosidad, son las propiedades que tiene un vino para reflejar la luz como un diamante. Es una impresión general que, nos informa de forma especial sobre su acidez. La falta de brillo implicaría falta de acidez y por tanto de sabor (vino plano). Es especialmente importante en los blancos.
3. La fluidez. Es la consistencia y forma de caer en la copa. Una mayor fluidez es signo de juventud. La viscosidad puede indicar que el vino está enfermo o ha sufrido algún trastorno importante en su fermentación (ahilado, mucílagos de la podredumbre, bacterias lácticas etc.). También la fluidez es diferente si se trata de un vino seco o un dulce.
4. Burbujas. Si es un vino espumoso, están justificadas. Si es un vino tranquilo, pueden aceptarse la presencia de una cantidad mínima; especialmente en los blancos jóvenes, careciendo de importancia. Son restos de C02 de la fermentación, que incluso ayudan a darle frescor al vino. Si son más numerosas, puede significar que el vino ha realizado una segunda fermentación en la botella, lo cual es muy negativo y afectaría a su calidad.
5. Color. Cuando miramos el vino desde arriba, o ponemos la copa casi horizontal sobre un fondo blanco, podemos apreciar el color principal en el centro, en la zona de mayor espesor de la copa. Al examinar el color podemos deducir una serie de datos sobre la variedad de uva, estado, su origen y edad.
6. Intensidad de color. Nos aporta y concreta, de manera específica, la información general sobre el color. Cuando el color es intenso, significa que el vino es rico en taninos, cuerpo y extractos.
7. Tono o matiz. Se observa en el punto de menor espesor del vino en la copa, cuando la colocamos en posición horizontal. Fundamentalmente nos indica la edad del vino y su grado de evolución.
8. La cantidad de color (capa baja, media, alta). Su abundancia no es sinónimo de calidad gustativa, aunque nos advierte de su método de elaboración, variedad de uva, madurez etc.
9. La cantidad de alcohol. Tras agitar el vino en la copa, se puede observar la formación de lágrimas en las paredes de la misma, su consistencia y forma de caer nos proporcionará información sobre la cantidad de alcohol y glicerina que tiene un vino, pero no indica en ningún caso la calidad de un vino.
10. Sedimentos. Aunque hoy en día son poco frecuentes, su presencia implica no solo un enturbiamiento sino también, una alteración de sabor. En los viejos tintos, puede encontrarse depósitos de taninos, esto es debido a que con el tiempo, las moléculas de los antocianos y taninos se polimerizan, aumentan de tamaño y se precipitan lentamente. Esto no constituye un problema y, solo requiere una correcta decantación. Otros sedimentos son los tártaros, o cristales de tartrato, producidos frecuentemente por un enfriamiento brusco del vino que los hace precipitar.
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La técnica especial para catar el vino


Cata de vinos
Probablemente habrás oído expresiones del tipo: "el mejor vino es el que me gusta a mí", "la cata de vinos es puro teatro", "el vino es para beberlo y lo demás son pantomimas",... o cualquier otro tipo de expresión que sirven para justificar al desinformado.
Todas esas expresiones sobre la cata de vinos no son más que una manera de hacer que el vino parezca una bebida como cualquier otra. Banalizar es la forma de justificar la propia ignorancia.
El gran inconveniente que encuentran muchos bebedores de vino a la hora de adentrarse en el maravilloso mundo de la percepción sensorial, es que se encuentran ante un abismo a la hora de iniciarse en el aprendizaje.
Por ello, la mejor recomendación es evitar las críticas sinsentido y comenzar a entender el vino desde otra perspectiva. Y para ello te mostraremos en este artículo dos reglas "muy complicadas" con las que poder iniciarte en el mundo de la cata de vino.
Cualquiera puede catar un vino. No hace falta tener ninguna habilidad especial, no existen personas que tengan mejores habilidades que otras para la degustación de vinos.
Todo lo que se necesita es la nariz, las papilas gustativas y el cerebro. A menos que hayas perdido para siempre el sentido del olfato, también tú tienes todo lo que hace falta para catar vinos.
Sin embargo, ser capaz de hacer algo es distinto de saber cómo hacerlo y de poder aplicar ese conocimiento a la vida cotidiana.
Aunque consumes bebidas todos los días y aprecias su sabor mientras pasan por tu boca, el vino es un caso especial.
chica cata vino
La mayor parte de las personas que se inician en la cata, lo hacen a través de las famosas "3 fases" donde se enseñan el aspecto visual y gustativo, así como la innumerable e incompresible gama de olores. La mayor parte de personas que se inician en el mundo del vino no son capaces de apreciar nada al hacerlo de este modo.
Sin embargo, la clave para entender la cata de vinos está en aprender cómo beber el vino, un procedimiento que deberás realizar siempre que bebas vino antes de profundizar en la cata de vinos y que te revelamos a continuación.
Cata relax bodega vino
Las dos reglas fundamentales de la degustación del vino son:
  1. Bebe despacio
  2. Pon atención
Algo tan sencillo, pero que la mayoría de personas no realizan. Algo tan simple como esto nos ayudará a mejorar e iniciarnos en la cata de vino.
De este modo, cuanto más atentamente se saborea el vino, más interesante resulta.
Si tomas vino a tragos largos, como quien toma agua, no percibes más del 10 o el 20 % de su riqueza. Para comenzar a apreciar todos los matices del vino, es necesario beber despacio y concentrarte en lo que estás bebiendo.
La mayoría de los vinos encierran en su aroma, gusto y textura, sutiles matices que no se pueden apreciar en todo su esplendor cuando "simplemente" se bebe.
Chica bebe vino
Para catar y poder disfrutar un vino hace falta calma, sosiego y especialmente concentración. Debemos ser plenamente conscientes de lo que estamos bebiendo. Debemos beber prestando atención, hay que poner todos los sentidos, literalmente.
La magia del vino no está en la teoría, sino en la práctica. Si usted, se toma el tiempo necesario y centra toda su atención en el vino, probablemente experimentará todos sus matices y podrá disfrutar de pleno toda su complejidad. Dejará de beber y comenzará a disfrutar, a catar el vino.
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15 sorprendentes beneficios del vino, que probablemente desconocías

Una serie de extraordinarias características acerca del consumo de vino en la salud y que la mayoría desconoce

Mujer mayor toma vino
El desconocimiento en cuanto a las bebidas con graduación provoca que muchas veces se generalice acerca de estas bebidas.
Comprender que las bebidas fermentadas, son diferentes a las destiladas; que el origen de las mismas y la forma de elaboración pueden cambiar radicalmente su composición; o que las sustancias que las integran suponen grandes diferencias en cuanto a los aspectos saludables, es fundamental a la hora de entender los beneficios que suponen las bebidas.
El vino es una bebida con graduación que sorprende a propios y extraños cada día con los innumerables beneficios que aporta su consumo moderado, pero más allá del típico "es bueno para el corazón", el vino ofrece una serie de extraordinarias características acerca de su consumo que la mayoría desconoce. Veámoslas a continuación.
  1. El vino tiene vitaminas. El vino contiene vitaminas hidrosolubles pero en cantidades no significativas desde el punto de vista nutricional. No contiene vitaminas liposolubles.
  2. El vino tiene muchos minerales. El vino contiene además cantidades importantes de algunos oligoelementos esenciales para la salud como el zinc, cobre, hierro, cobalto, litio, boro, aluminio, flúor, selenio, etc.
  3. Los hipertensos pueden tomar vino. El consumo habitual de vino no afecta a la presión arterial, ni tampoco a los riñones por tratarse de una bebida hiposódica, con un contenido do sodio de 10 a 45 mg/litro.
  4. Las mujeres metabolizan el alcohol igual que los hombres. La tasa metabólica de etanol varía mucho de un individuo a otro, pero no entre sexos. El peso, la actividad física y el hábito de consumo, son los factores que más influyen. Las mujeres, contrariamente a lo que se dice, pueden tomar la misma cantidad de alcohol que los varones, siempre de manera proporcional a su peso, esto es, la tasa metabólica de una mujer de 60 kilos es igual a la de un hombre de 60 kilos. Se suele atribuir una peor metabolización del alcohol en las mujeres debido a que, por un lado las mujeres pesan menos que los hombres y por otro debido a una mayor proporción de tejido adiposo en su cuerpo, se produce un efecto lagunaje y lo metabolizan más lentamente. En todo caso, la tasa metabólica es igual en mujeres que hombres.
  5. El alcohol no engorda, tiene calorías pero esto no significa que engorde, y ello es debido a que el etanol es una sustancia que no tiene hidratos de carbono, ni grasas, ni proteínas, y por tanto a diferencia de los glúcidos, lípidos y prótidos, no se integran en la estructura del organismo, sino que se metabolizan rápidamente dando como productos finales gas carbónico, acetaldehído y agua. Es decir, el cuerpo humano no tiene mecanismo alguno de convertir el alcohol en grasas ni músculos, sólo lo transforma en otras sustancias que después son expulsadas del organismo.
  6. El vino tampoco engorda. Una copa de vino aporta unas 150 calorías, de las cuales el 95% son alcohol, y como hemos visto en el punto anterior éstas no se transforman en materia. El 5% restante son glúcidos (azúcares) y proteínas. Es decir, unas 8 calorías reales por copa de vino, una cantidad tan pequeña que se elimina totalmente por termogénesis (la energía que necesita el cuerpo para ingerir alimentos). El vino no tiene grasas, tampoco contiene nada de colesterol, ni fibra alimentaria.
  7. El vino no está modificado genéticamente. Ninguno de los aditivos y coadyuvantes utilizados en la elaboración del vino proceden de organismos genéticamente modificados, y tampoco son transmisores de la enfermedad de la encefalopatía espongiforme bovina.
  8. Los vinos no contienen hormonas de ningún tipo, ni naturales porque no le son propias, ni tampoco añadidas, y además el contenido en alcohol las desnaturalizaría.
  9. Los sulfitos no producen dolor de cabeza, ni sensibilidad al vino, las responsables son en realidad las histaminas. Los vinos con elevados contenidos en histamina pueden provocar en personas sensibles una alteración denominada histaminosis y cuadros alérgicos.
  10. El vino es la bebida con graduación más saludable que existe debido a su contenido en polifenoles. El vino posee más de 40 tipos diferentes de contenidos fenólicos. Determinados polifenoles del vino son responsables de diversos aspectos saludables. Por este motivo el vino es beneficioso en diferentes aspectos de la salud.
  11. El consumo moderano no es lo realmente bueno para la salud. Los beneficios comprobados del vino se deben no tanto al consumo moderado, que también, sino al consumo regular y habitual. Es decir, los beneficios para la salud no se producen cuando bebes de manera moderada vino, sino cuando bebes de manera moderada vino cada día.
  12. Los diabéticos pueden beber vino. Los diabéticos pueden beber casi cualquier tipo de vino, siempre que sean secos y con menos de 2 gramos/litro. La mayoría de vinos que se comercializan se encuentran dentro de este rango.
  13. Con el vino se pueden tomar medicamentos. Beber vino habitualmente, sobre todo si es acompañando a las comidas, no es incompatible con la toma de la mayoría de los medicamentos, debiendo siempre respetarse el criterio del médico.
  14. Las embarazadas pueden beber vino. El vino no está absolutamente contraindicado durante el embarazo en las mujeres sanas y con dieta isocalórica, donde la cantidad de calorías ingeridas sea equivalente al total de calorías consumidas en función de la actividad física. La condición es consumirlo acompañando las comidas y con moderación.
  15. El vino es bueno para tu hígado. El consumo regular y moderado –una vez más, moderado- de vino puede reducir el riesgo de desarrollar cirrosis, según varios estudios realizados en los últimos años. No sólo eso, el consumo moderado y regular de vino evita la acumulación de grasa en el hígado y el desarrollo de la enfermedad del hígado graso.
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¿Por qué las botellas de vino son de colores?

El color de la botella tiene mucha importancia y no sólo por motivos de conservación del vino

El vino es un ser vivo y seguirá evolucionando en el interior de la botella hasta su momento óptimo de consumo.
Dependiendo del tipo de vino y de la forma de almacenarlo, ese momento óptimo llegará antes o después, y en esto tiene mucho que ver el color y la forma de la botella, tal y como explican desde Verallia, empresa líder en el sector de envases de vidrio para el vino.
El origen del color del vidrio de las botellas de vino no está en la protección del vino contra la luz, como mucha gente cree, sino en que antiguamente no se conocía la manera de depurar y filtrar las impurezas del vidrio y éstas teñían las botellas de un color ambarino y turbio.
Sin embargo, este defecto ofrecía en realidad una ventaja para el vino, al protegerlo de la luz directa lo que se debe a la acción de la radiación ultravioleta sobre algunos componentes químicos que se destruyen ante la acción de la luz. Hizo falta el paso del tiempo para demostrar que este color en las botellas protegen mejor al vino.
Actualmente el vidrio se filtra y se puede teñir de cualquier color en función de cuestiones estéticas o de marketing. El vidrio verde es el más barato por la sencilla razón de estar tintado por impurezas de óxido ferroso, de hierro. Para quitar dichas impurezas hay que "limpiar" el cristal o trabajarlo de manera más fina, lo que encarece el coste.
Las hay en la gama de los tonos ámbar, verde, negra, transparente, azules... el vidrio se puede teñir en función de los objetivos de marketing de la bodega. Algunas bodegas buscan que no se aprecie el líquido de su interior, otras prefieren generar sensación de consumo rápido y fresco.
En definitiva, la elección del color de las botellas de vino puede depender de cuestiones estéticas o económicas, y no solo por la protección contra la luz.
La forma de la botella también tiene un sentido. Su formato identifica la procedencia e incluso el tipo de bebida que atesora. Pero también la más clásica tiene un sentido funcional: el vino evoluciona mejor en ausencia de aristas y esquinas en la botella.
En cuanto a las formas, actualmente existen multitud de diseños. Haremos un breve repaso por los más habituales tipos de botellas que encontramos en el mercado.
LOS CINCO TIPOS DE BOTELLAS DE VINO MÁS COMUNES
Borgoña: El diseño más antiguo de las que se conocen. Toma su nombre de la región francesa en la que se creó. Tiene hombros caídos y un formato ancho que es utilizado tradicionalmente para los tintos.
Bordelesa: Es la botella más común en el mundo del vino. Con hombros marcados y fondo cóncavo, toma su nombre de la zona de Burdeos (Francia). Se encuentra en varios colores y se usa para tintos y blancos.
Rhin: Se utiliza para ciertos vinos blancos y rosados. De origen alemán, es alta, estilizada y casi no tiene hombros. Su cuello es largo y esbelto y su vidrio más característico es de color ámbar.
Jerezana: Típicamente española y muy utilizada para los vinos de Jerez andaluces y licorosos portugueses, esta botella cuenta con un vidrio de color oscuro - casi negro - y tiene un gollete bien pronunciado.
Espumosos: Las botellas de los vinos espumosos o espumantes, como el Cava, Champagne o Prosecco son de hombros bajos y paredes muy gruesas, cuenta con una oquedad en su base para resistir mejor la presión de los vinos espumosos.
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Los tipos y formas de botellas de vino ideales



Desde el color hasta el aspecto de las curvas de una botella tienen su explicación en el mundo del vino

botella de vino
La forma en que cada vino se presenta frente al mundo tiene una razón de ser. Siempre funcional, pero también estética, el arte se cuela en las botellas que se presentan en las góndolas y cavas como verdaderos objetos de deseo.
No es novedad que artistas y diseñadores de diversas disciplinas han puestos sus manos - y arte - al servicio de crear un envase único para conservar ese elixir de uva que se muestra bajo distintas modalidades y variedades.
Las hay en la gama de los tonos ámbar, verde, o incluso negra; el vidrio se tiñe según lo que custodie en su interior.
Las botellas son de un color determinado por una acción funcional sobre el vino que albergan. El más usado es el verde, que repele algunas radiaciones de la luz.
Pero eso no quiere decir que no se utilicen otros tonos: por ejemplo, el vidrio transparente hace que la bebida evolucione más rápido, por eso se usa solo para vinos con una vida comercial más corta y que se pretende incentivar su venta más rápidamente.
La forma de la botella también tiene un sentido. Su formato identifica la procedencia e incluso el tipo de bebida que atesora. Pero también la más clásica tiene un sentido funcional: El vino evoluciona mejor en ausencia de aristas y esquinas en la botella.
Eso explica el porqué de algunas vasijas con hombros elegantes y erguidos y otras con cuellos superlargos, por ejemplo.
tipos de botellas de vino
LOS 4 TIPOS DE BOTELLAS DE VINO MÁS COMUNES
Bordalesa: De forma cilíndrica, con hombros marcados y fondo cóncavo, es una de las más clásicas y toma su nombre de la zona de Burdeos (Francia). Se encuentra en varios colores y se usa para tintos y blancos.
Rhin: Se utiliza para ciertos vinos blancos y rosados. De origen alemán, es alta, estilizada y casi no tiene hombros. Su cuello es largo y esbelto y su vidrio más característico es de color caramelo.
Borgoña: Esta vasija de origen francés, es cilíndrica, tiene hombros caídos y un formato ancho que es utilizado tradicionalmente para los tintos. Se dice que es la botella más antigua de vino.
Jerezana: Típicamente española y muy utilizada para los vinos de Jerez andaluces y licorosos portugueses, esta botella cuenta con un vidrio de color oscuro - casi negro - y tiene un gollete bien pronunciado.

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